miércoles 7 de octubre de 2009

¿Ahorrar?



El sábado se acaba el trimestre en el instituto en el que doy clases de francés… lo cual quiere decir que este fin de semana me pagan por todo el curso. Esto me alegra y también me lleva a recordar la peculiar manera en que el dinero “me quema las manos” y a reflexionar en su compañía sobre un verbo que a veces parece ser aun más difícil de llevar a la práctica que el verbo “resucitar”... hablemos del verbo: ahorrar.

Ahora que escribía este post, pretendía hacer memoria de mis “experiencias de ahorro” infantiles, pero me fue imposible recordar una sola. En cambio, de mis experiencias de despilfarro tengo montones.

La más memorable fue la venta de mi primer carro… uf !... yo tenía montones de planes para aquel dinero, por ejemplo guardarlo y después ver si compraba un carro mejor o buscarle un prudente empleo, pero en lo que las prudentes ideas arribaron a mi cabeza, el dinero escapó. Bueno, yo también, me fui a Guanajuato, a Guadalajara, a la playa, pueblée, compré materiales para pintar, presté dinero, etc., etc., etc. El punto es que hice todo aquello que uno no debe hacer cuando desea ahorrar.

Si yo ahorrara, ahorraría para independizarme, pero como les decía que mi cochinito es alérgico al efectivo, ahora hago ahorros “en especie”. Sí, voy comprando las cosas que voy a necesitar, tengo una lista tan larga como completa, lo malo es que mi closet comienza a llenarse con cajas y cajas llenas “cosas para el hogar”, lo cual no es justamente un ejemplo de practicidad.

Creo que la manera en administramos nuestro dinero habla mucho de nosotros y de la manera en que vemos la vida… ¿somos pacientes? ¿no? ¿preferimos disfrutar el instante? ¿tenemos confianza en el futuro? ¿somos capaces de lidiar con la incertidumbre de ir día a día? ¿preferimos limitarnos en el presente con tal de prepararnos para afrontar cualquier emergencia futura?

¿Y ustedes qué ahorran… o se ahorran la pena?



Besos hasta dondequiera que estén y gracias por sus comentarios al post anterior =)

domingo 30 de agosto de 2009

Miscelánea


Bueno, pues el día de hoy… advierto… vamos a hacer una entrada miscelánea, un intento por recorrer el panorama de los últimos… ¡Ay, qué horror! ¡Cuatro meses!
Ahora sí tenía mucho sin escribir… Hoy no hay tema o hay muchos temas, véanlo como prefieran y disfrútenlo como se disfruta el paisaje de la ventana en un tren o un autobús, sin intención alguna más que entretenerse un rato, viendo pasar y pasar cosas que en el fondo no tienen que ver unas con otras pero que por alguna circunstancia se encuentran “unidas”, seguidas una tras otra… Comenzamos…

Advertencia al lector: como este post será largo, disconexo y sin conclusiones, usted querido lector podrá leer el párrafo que guste, guiado por el siguiente índice temático, leer todo o no leer nada, lo cual creame sería lo más prudente, pues la verdad hoy yo ando parlanchina y con esto sólo le voy a quitar su tiempo. Sin embargo, yo lo dejo en libertad de decidir informadamente. =)

1 Introducción
2 De los Tatuajes
3 De las Vacaciones a la Docencia
4 De las satisfacciones personales
5 Del fluir con la vida
6 Del llanto
7 De cómo siempre me terapeo
8 De cómo el inconsciente nos traiciona
9 De cómo Fernanda Piñeyro agradece a las incautas almas que la siguieron hasta el final.

1 Pues un buen punto para arrancar el viaje de hoy son sus comentarios, a propósito del tatuaje que Cris nos comentó que se hizo…

2 Yo me hice un tercer tatuaje, hace unas semanas. El primero me lo hice cuando tenía veinte años, tenía miedo de la aguja pero mis deseos de fijar en mí misma aquel mensaje fueron más grandes. Es un pequeño signo que pretende significar “La vida es una oportunidad, aprovéchala”. Comienzo de un largo poema que amo.
El segundo consiste en tres “puntos” alineados, cualquiera diría tres lunares… pero son Alnitak, Alnilam y Mintaka, o el Cinturón de Orión. Cuando era niña esa fue la primera constelación que pude reconocer, “Los Tres Reyes Magos”, siempre la buscaba en el cielo. Después, cuando entré a la primaria quedé maravillada al saber que fueron las estrellas quienes habían guiado con certeza a los navegantes en sus aventurados viajes por el mar inmenso, imponente e indomable al igual que la vida.
Así se multiplicó mi amor por “Las Tres Marías”. Cuando seguí creciendo y supongo que absorbiendo parte del imaginario popular me convencí de que las estrellas bien podían ser identificadas con las metas, con los sueños, porque nos orientan en la vida, nos ayudan a trazar el camino propio y a tomar dirección.
Todo este licuado mental ya había permeado sin remedio en mi cabeza antes de que fuera mayor de edad… pero conforme los años fueron pasando me di cuenta de que soñar y soñar es muy lindo pero no lleva a nada si uno no se compromete con lo que quiere y educa su voluntad.
Así que decidí “comprometerme” con mis sueños y fue entonces cuando me tatué en el dedo anular mis tres estrellitas, en el mismo en el que las mujeres se ponen el anillo de compromiso porque, según algunos, antes se creía que el dedo anular era el único que tenía una vena que llegaba directamente al corazón…
fue un intento por cristalizar todo aquello, un deseo de no olvidar jamás lo que en verdad quería, un conjuro contra el miedo a que sucediera inevitablemente con los años, un compromiso con aquellos sueños que nunca quisiera traicionar, una promesa hecha a mí misma…
El tercero, me lo hice en el interior de la muñeca derecha y es como de medio centímetro o menos, todos mis tatuajes son pequeños. Un pequeño círculo, con un punto en el centro. El círculo, la totalidad, el infinito, la eternidad. El punto, el mínimo espacio que puede ser ocupado, el instante y la libertad que sólo puede explotar en éste pues ni en el pasado ni en el futuro tiene nuestra voluntad incidencia. A su vez hablamos de un solo punto, como una sola vida, una sola oportunidad para alcanzar a hacer todo lo que se desea en la vida. Suena raro, pero algún día podría explicárselos con más calma.

3 Y bueno hablando de la calma… lo que menos he tenido en estas fechas ha sido calma, cosa que no me agrada nada. Alex decía en el último comentario decía que ya escribiera, que contara que había hecho en vacaciones y bueno, me gusta más publicar lo que pienso que lo que hago, así a detalle pero bueno por hoy echemos chisme =) …
Pues terminé el semestre a finales de junio y di algunas suplencias de clases de francés para un querido amigo que se iba a ir de viaje, de lo cual salió que ahora que empezó un nuevo trimestre ya me dieron un grupo como titular; cosa que me hizo muy feliz por un lado pero por otro terminó con mi vida social en viernes porque doy clases de 9 de la mañana a 2 de la tarde en sábados. Dar clases me encanta; cuando eres arquitecto construyes edificios, cuando eres administrador puedes formar empresas, etc., etc. pero cuando eres maestro puedes contribuir a formar a una persona, contribuir a que aprenda a pensar por sí misma y a su vez esto la vuelva libre, claro todo esto lo intento en la medida en que lo permiten mis enormes limitaciones, pero el simple hecho de tener la oportunidad de poder contribuir en ello, mucho o poco: me satisface enormemente.

4 Bueno… hablando de satisfacciones. Creo que en los últimos meses he tenido muchas… me publicaron hace unos meses un reportaje de varias cuartillas en la revista en la que colaboro, tuve la oportunidad de ir a hacer voluntariado a una comunidad indígena en Guerreo, que fue una experiencia en verdad maravillosa y después amablemente la Secretaría de Relaciones Exteriores nos llamó a algunos de los que fuimos para darnos un reconocimiento; en Guerrero y en Oaxaca pude hacer algunas entrevistas para un asunto de las lenguas indígenas que estoy trabajando; por otro lado, me di cuenta que puedo ser con mis cosas más ordenada de lo que creo, pero también noté que para ordenar la vida se necesita algo más que dos archiveros y algunas repisas; asimismo decidí tomar en mis manos lo más que pudiera mi estado de ánimo y no dejar que los problemas del día a día o las cuestiones emocionales me rebasaran; me metí en definitiva en la cabeza que si algo me duele, molesta o conflictúa, en vez de sufrirlo, en vez de quejarme tengo que identificar con la mayor claridad y objetividad posible el problema, buscarle la mejor solución a largo plazo y dársela independientemente de si fuera lo que me agradaría, pues no todo lo que agrada, conviene; suena simple, pero en verdad me ha ahorrado muchos dolores de cabeza y lágrimas, lo digo literalmente.

5 Y bueno, en caso de que sea algo que no puedo solucionar pues tener la humildad para reconocer mi pequeñez, entender que el mundo no es la jaula de mis hamsters para que yo acomode en él todo, como se de mi Santa Gana, no. Si no se puede cambiar, hay que aprender a lidiar con ello, punto, sin estar de quejumbrosa, sin lloriconeos innecesarios, hay que aprender a fluir con la vida, como dicen, es a veces es por eso que el agua es más fuerte que la piedra y nada puede romperla. La forma de ser del otro, por ejemplo, es algo con lo que hay que aprender a lidiar, a aceptarlos e incluso a amararlos, en el sentido más amplio de la palabra, tal y como son; suena tonto que yo venga a repetir aquí obviedades pero juro que tan fácil es decirlo como complicado llevarlo a la práctica sin que esto acabe con nuestro hígado o sin que nosotros acabemos con los ojos hinchados como sapos después de tanto llorar…

6 Y hablando de tristezas y llorar… me anoté en la lista de las Magdalenas hace como quince días, pero llorar libera brutalmente, sobre todo cuando lloras hasta que estás tan cansado que te quedas dormido, la bronca es cuando te despiertas y quieres seguir llorando! haha, no. Pero yo me refiero a lago normal, porque muchas veces dejamos atrapada la tristeza adentro, nos llenamos el pecho de lágrimas y todo esto queramos o no, se nos nota en la mirada y aunque no se nos note, a nosotros mismos no podemos engañarnos.

7 Me impresiono mucho, con este asunto que les digo de hace unas semanas (que en verdad no era grave eh, era sobre lo que comentaba arriba: aprender a aceptar que las personas no tienen que ser lo que tu esperas, en fin) yo juraba que no estaba triste, es más… esquematicé en una hoja en blanco mi problema haha con flechitas cuadritos, signos de lógica y me aventé todos los trucos cirqueros que se puedan imaginar para que mi conclusión fuera: Lo que pasó estuvo bien no sufras, Fernanda. (Porque he de contarles que tengo maestría y doctorado para hacer análisis con conclusión “Pero estuvo bien, porque…” siem-pre encuentro la manera). Pero al final de todo, con la hojita y la pluma en la mano, suspiré y dije “Ya. Basta. No te hagas tonta, estás triste punto, esperabas más, no lo evadas, sé humilde, acepta que estás triste” cosa que no sucedió…

8 Pero aquí viene lo bueno… cuando me fui a dormir, una de las escenas de mi sueño se desarrollaba en un salón de mi facultad… y en él yo estaba sentada en una banca rodeada de muchas personas y la chica que estaba a lado de mí de repente se volteaba hacia mí y me decía “Estás triste?” y yo le decía que no, que por qué me lo preguntaba y ella me respondía “Sí estás triste , se te nota”. Yo se lo vuelvo a negar en tono fuerte y necio y además le reprocho el comentario argumentando que no me conoce y ella responde con toda la seguridad del mundo lo mismo “Aunque yo no te conozca, estás triste y se te nota” y se voltea a su lugar muy indignada y enojada. Desperté dije “Tómala Fernanda! Vas a seguir diciendo que no estás triste?” ya no podía haha.

9 Bueno, decir que aquella vez yo no estaba triste hubiera sido tan falso como decir hoy que no tengo sueño, ya pasa de la media noche y ya no soy tan vampira como antes. Así que los dejo, aquí en el número nueve que es mi favorito; agradeciendo a todos, los que hayan tenido el valor de seguir completo este incoherente recorrido que sólo pretende reanudar nuestro siempre feliz intercambio de letritas a como dé lugar, le mando un abrazo y bueno, por aquí los espero. La próxima vez os prometo escribir algo más estructurado. Mis mejores deseos y gracias por su tiempo!

domingo 31 de mayo de 2009

Tréboles...

Colecciono tréboles de cuatro hojas, estadísticamente existen 10, 000 tréboles de tres hojas por cada uno que tiene ese “error genético”. No tengo muchos, son seis, si contar uno que regalé.

Cuando encuentras un trébol de cuatro hojas tienes dos opciones: cortarlo, teniendo la casi completa seguridad de que su raíz morirá o esperar a ver si salen más con la misma raíz, cosa que puede suceder o no.

El detalle aquí no es la paciencia sino que hay veces en las que esperando que salgan más, el único trébol que había se seca o alguien más lo corta… Igual que con las oportunidades, puedes tomarla y aprovechar lo que el momento te ofrece o puedes esperar a que esa oportunidad se vuelva aún mejor, corriendo el riesgo de que se vaya.

Cuando se espera una oportunidad mejor hay que recordar que la palabra “mejor” es un comparativo, lo que implica que exista otra oportunidad más, cosa que puede suceder o no.

Tengo una tarjeta que compré para mi abuelo y nunca pude enviarle.
Tengo un “en verdad, me lastimaste” que fue silencio y ahora me amarga la boca y adulzona la mirada.
Tengo las manos cargadas de los cuadros que no me he dado el tiempo de pintar.
Tengo un “me gustas” atorado en el pecho y un guardia que me grita “control!”.
Tengo mil promesas postergadas y dos mil remordimientos más.
Tengo la pluma llena de "te quieros" esperando una carta que los pueda llevar.
Hay tantas cosas, buenas y malas, que he dejado para un momento mejor.

Tengo seis tréboles de cuatro hojas y en la memoria algunos más que preferí no cortar.

miércoles 27 de mayo de 2009

Muchísimas Gracias!

Hola a todos! Primero que nada MUCHÍSIMAS GRACIAS por colaborar en este asunto con su palabra, es maravilloso ver la diversidad de respuestas y con ellas va a salir algo bien padre… se trata de hacer un cuadro en el que el tema sea la juventud, y que lleve muchas palabras de lo que significa ser joven, al principio pensé en usar sólo las palabras que para mí evocaba la juventud pero pensé que sería más completo si participaban más personas, como ustedes amablemente lo hicieron. En cuanto el cuadro esté listo lo subiré para que todos los que participaron “busquen su palabra” de antemano les agradezco muchísimo, no sólo por la participación en este post sino por las vueltas que se dan por mi blog cuando pueden y pues bueno, nos estamos leyendo, les mando un abrazo a todos!

Ahora algunos detallitos…

-Borré sin querer un comentario en el que la palabra era “morir”, una disculpa no es censura haha la voy a incluir, aunque no termino de entender por qué morir? Sería interesantísimo que el que lo escribió(era anónimo) nos contara.

-Diávolo y ZiZu DeVa… cuál de todas sus palabras uso? Escojo yo? Resumo? Espero su respuesta?

-Quién puso perdóname? Haha no me siento ofendida por nadie, creo, o si me ofendieron ya ni me acuerdo haha, perdonadísimo, quien quiera que seas. =)

Si alguien ve esta entrada después pero aún no está en el blog “el cuadro en cuestión” aún es tiempo de dejar su palabra.

UN BESO A TODOS y gracias por darle sentido a lo que aquí se escribe!

P.D. Mi palabra es "descubrirse" =)

jueves 7 de mayo de 2009

Ser Joven




Hola a todos... pues en esta entrada no escribo tanto para que me lean sino más bien para leerlos... Sin importar la edad que tengan, me encantaría saber...

Qué significa para ustedes SER JOVEN, en 1 palabra?

Espero su palabra y agradezco de antemano a los que participen, luego les cuento o mejor dicho "enseño" para qué era, nada malo, no teman =)

Un saludo a todos!

lunes 30 de marzo de 2009

Cuarenta Palabras


Y fue el aire mismo aquello que me asfixió,
se convirtieron mis sueños en ese inmenso lugar donde me perdí sin retorno,

fueron mis propias quimeras quienes dieron luz a estos ojos,
para después devorar mis pupilas frente al espejo.

lunes 9 de marzo de 2009

Escribirnos


Uno escribe para los demás y se convierte en un libro abierto; hay otro tipo de escritura en la que uno igualmente se desnuda pero sólo ante los propios ojos, convirtiendo al papel en espejo.

Existimos personas que necesitamos escribir para conocernos, para recordar lo que fuimos y comprender lo que somos. Nuestras letras, en cuanto testimonio de la vida propia, tienen la capacidad de reflejar nuestra imagen tal y como es. Hay ocasiones en las que encontramos entre nuestras palabras a una persona totalmente diferente de la que queremos ser, y nos damos cuenta de que estamos actuando distraídamente sin reparar en el lugar a dónde nos llevaran las situaciones en las que andamos enredados.

Este es el gran regalo de la escritura autobiográfica, no sólo es para recordar, como pensaran muchos; en ella no sólo podemos mirar el pasado sino también el presente y contrastar nuestras acciones diarias con nuestros deseos más profundos. Es similar a cuando le cuentas un problema a alguien y al mismo tiempo que lo estás contando te estás escuchando a ti mismo y terminas por encontrarle solo la solución.

Por supuesto, escribir para uno mismo, diarios en especial, da muchísimas más satisfacciones, como ver la manera en que nuestra forma de pensar va cambiando, nuestros intereses y el porqué, ver como aquello que algún día escribimos a forma de proyecto unas páginas más adelante lo registramos ya como un hecho, ver cómo cambia la manera en que percibimos la vida y también lo que esperamos de ella, ver como va creciendo el cariño y se van haciendo fuertes los lazos entre las personas que te rodean y a veces también puedes ver que otras desaparecen; encima puedes ver el “cómo” de todo esto. No terminaría si continuara enumerando todos los regalos de esta práctica, como comentaba antes, para mí uno de los más importantes es que nos permiten darnos cuenta que quizá estamos desviando un poco los pasos, gracias a eso podemos rectificar el camino.

Hay quienes podrán pensar que es una pérdida de tiempo pero créanme que es todo lo contrario porque, escribir nos permite fijar la experiencia evitando así cometer los mismos errores.

Comencé mi primer diario a los siete años, como un gusto consiente o una necesidad inconsciente, catorce años de mi vida han sido registrados desde entonces, ya no concibo mis noches sin esta práctica.

He aprendido que se puede lidiar mejor con la vida y con uno mismo, con ayuda de tinta y papel porque escribirnos es imaginarnos, diseñarnos, crearnos y corregirnos.

jueves 12 de febrero de 2009

Vocación vs. Seguridad económica



Hoy fui a Miguel Ángel de Quevedo a comprar libros y me topé con uno de Maitena, caricaturista que me agrada por su mirada incisiva y capacidad de encontrar lo hilarante y ridículo de las cosas cotidianas que a veces nos atormentan. Hojeando sus caricaturas vino a mi mente un conflicto por el que alguna vez todos tuvimos que pasar: Vocación vs. Seguridad económica.

Ante el eterno dilema de dedicarse a aquello que te apasiona, sin importar lo que venga, o consagrarse a algo que ofrezca teóricamente una mayor estabilidad económica, se encuentra un valiente gremio conformado por todos esos pobres niños a los que les gritoneaban a diario en la escuela: ¡Deja de hacer dibujitos y ponte a trabajar! A mi parecer, son los caricaturistas la prueba viviente de que uno puede vivir de hacer lo que más le gusta, sin importar en qué consista, siempre y cuando lo haga con pasión y entrega.

viernes 6 de febrero de 2009

Despertar




Esta noche, recuerdo a mi abuelo en aquel hospital. Conectado a un montón de tubos por todos lados, sin poder moverse, ni siquiera hablar por lo débil que estaba, casi inconsciente de todo lo que sucedía a su alrededor.
No podemos conversar ya; es muy tarde para decir lo que no se dijo. Ya no sonríe ni se queja, en este momento su vida se limita sólo a respirar, quizá sueñe pero de cualquier modo no tiene mucho sentido pues nadie sabe si despertará una vez más para darse cuenta de tal experiencia.

Teniéndolo ante mis ojos me resulta casi imposible creer que es el mismo ser que algún día tuvo tanta vida, en el sentido más amplio de la palabra. Intento encontrar en él al niño que alguna vez corrió con todas sus fuerzas y río a carcajadas, al joven que cantó a gritos y bailó hasta el amanecer, al hombre enérgico y luchador que recorrió el mundo; pero es demasiado difícil, la misma vida acabó con todo eso que fue.
Viéndolo ahí, inmóvil, descubrí lo valiosas que son las cosas más simples. Lo más sencillo se torna maravilloso cuando se vuelve inaccesible.

Tiene semanas de no poder levantarse de ahí y caminar un solo paso, semanas de no poder probar bocado o tomar siquiera agua; no puede hablar, no tiene la fuerza para girarse solo en la cama o mover los brazos para cobijarse a sí mismo. Cosas que nosotros hacemos sin notarlas, nuestro día esta lleno de acciones de ese tipo a las que no les damos ningún valor por ser tan comunes y “normales”.
Se ponderan mejor las cosas cuando están ausentes y me doy cuenta de cuán deslumbrante es la vida justo cuando la veo apagarse.

No es a la muerte en sí misma a lo que temo, sino al no despertar nunca a la vida; a morir sin haber vivido como tal ese sueño colmado de regalos que a veces no sé ver…

martes 30 de diciembre de 2008

Prometer SÍ empobrece



Sin importar la dimensión o el contexto, cuando uno se compromete a algo con un tercero se mentaliza a que tendrá que cumplir aquello, aún cuando en el futuro ya no lo quiera así o aunque haya cambiado de opinión al respecto.
¿Pero qué pasa cuando nos prometemos algo a nosotros mismos?
Es Año Nuevo la fecha perfecta para hacernos promesas a la ligera, la inercia de la tradición nos lleva a atragantarnos de uvas al compás de las campanadas de medianoche. ¡Venga, con confianza, un propósito por uva, qué importa que ninguno cuente con la mínima planeación!
Lo que llama mi atención de esta costumbre es su carácter meramente simbólico y tremendamente ambicioso. Cuando la mayoría de los comensales van en el onceavo ya no se acuerda cuál fue el tercero y antes de la mitad del año no recuerda ni el primero.
Creo que estas fechas, aún siendo un corte artificial en la vida, sí son una gran oportunidad para detenernos a analizar si en verdad estamos viviendo la vida que queremos vivir, en su mejor versión.
Si hay algo que mejorar, que siempre lo hay, propongámonoslo pero con seriedad y sincero compromiso porque nada hay más triste que fallarse a uno mismo.

lunes 22 de diciembre de 2008

La "Licencia de conducir", una prueba de fe.





La Secretaría de Transportes y Vialidad, según el Artículo 31 de la Ley Orgánica de la Administración Pública del Distrito Federal, cuenta entre sus atribuciones y obligaciones realizar lo necesario “a fin de lograr una mejor utilización de las vías y de los medios de transporte correspondientes, que conduzca a la más eficaz protección de la vida”.

Sin embargo, en la Ciudad de México, para obtener una “Licencia de conducir” no se necesita realizar ningún tipo de prueba, ni teórica, ni de la vista, ni de manejo, ni de conocimiento del Reglamento de Tránsito, ni de señalamientos viales, nada de nada; la única prueba que se realiza en este trámite es una prueba de fe por parte de las autoridades, quienes informan en la página del Gobierno del Distrito Federal que la Licencia de Conducir

“Se emite con base en la declaración bajo protesta de decir verdad que realiza el usuario indicando que sabe conducir y que cumplirá con las disposiciones señaladas en el Reglamento de Tránsito, con lo que elimina definitivamente los exámenes de conocimientos prácticos y teóricos que en tiempos pasados dieron lugar a tantas "mordidas".

Si las autoridades decidieron desentenderse de este asunto ¿con qué sentido siguen expidiendo licencias, exigiendo su posesión para manejar, percibiendo el “Pago de Derechos” por otorgarlas e imponiendo una sanción monetaria por conducir sin ellas? Siendo que, bajo la actual política de expedición, éstas no garantizan nada o ¿Es que $483, más identificación oficial, más comprobante de domicilio es igual a: garantía de la aptitud para conducir un vehículo conforme a los reglamentos creados para salvaguardar la integridad de conductores, pasajeros y peatones? ¿Bajo qué lógica?

Y con respecto a la eliminación de “los exámenes que en tiempos pasados dieron lugar a tantas "mordidas" ”… ¿Cuál es el mensaje implícito en esta medida? ¿Como no podemos eliminar la corrupción inherente a cierto trámite mejor lo suprimimos? ¿Como no hemos podido hacer cumplir la Ley mejor la modificamos? ¿Aún cuando dichas reformas nos alejen más de los objetivos por los que dichas instituciones fueron creadas? ¿Corresponden acaso este tipo de acciones a la estrategia para crear un país mejor?

viernes 28 de noviembre de 2008

"La sabiduría de la gente que no conoce los libros"


Esta semana llegó a México el escritor portugués José Luis Peixoto; La definición que dio en el Centro de Lectura Condesa del tema de una de sus novelas hizo eco en mí… “la sabiduría de la gente que no conoce los libros”.
Me parece loable que un autor joven ponga luz sobre esto y reivindique su valor.
La explosión demográfica volvió imperiosa la necesidad de que las Instituciones educativas nos cataloguen en Doctores, Maestros, Licenciados, Técnicos…. ¿Y luego?¿Es que acaso el aprendizaje que se obtiene sin un reconocimiento institucional no es conocimiento?
Aunque actualmente se tienda a creer que el respeto, o la autoridad moral o intelectual, de una persona es sólo directamente proporcional a su nivel de estudios no debemos caer en el espejismo de la universidad como única fuente del saber porque si bien el conocimiento se transmite en las aulas por lo general se gesta fuera de ellas.

miércoles 19 de noviembre de 2008

El Octavo Pecado



Como la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia no nos bastan para atormentarnos “como Dios manda”…Nuestra época nos ha regalado un nuevo Pecado Capital: El Envejecimiento.

Este octavo “vicio” suele ser padecido por quienes maduran física, más no mentalmente, y no encuentran en el tener canas, arrugas o manchas en la piel un indicio de nuestra calidad de mortales sino una arenga a la negación. Creer en el “Octavo Pecado” nos asegura un pase directo al infierno de la industria de la belleza y su mercadotecnia que nos condena a la angustiosa e infructífera búsqueda del “elíxir de la eterna juventud ”.

La publicidad sataniza el aumento de edad y todas sus manifestaciones. Si bien no podemos negar algunos de sus inconvenientes o temer el recordatorio que nos ofrece de nuestra estancia limitada por estos lares, tampoco debemos olvidar que no somos seres unidimensionales y por tanto cumplir años no sólo es degradarse físicamente, sino desarrollarse, crecer en otros ámbitos como el psicológico, intelectual o espiritual. Aunque eso no implique beneficios económicos a las grandes transnacionales y por tanto se le etiquete de irrelevante.

miércoles 22 de octubre de 2008

Cajones en el alma




Esos lugares que preferimos pensar que no existen, fingir que no son nuestros y desentendernos por completo. Aquellos que están llenos de todo tipo de cosas pero a la vez de nada útil. Como ejemplos comunes podemos citar el omnipresente “cajón de los tiliches”, el cuarto-bodega de los cachivaches al que uno entra con pánico de que le salte una araña y que bien podría ser rentado para una película de terror; o esa caja arrumbada hasta el fondo del closet.

Esos lugares que nunca queremos ordenar porque no sabemos ni por dónde empezar. Siempre es más sencillo tenerlos cerrados, fuera de nuestra vista, que ponerse frente a ellos a clasificarlos y reubicarlos o tomar la decisión desecharlos. Todas estas aglomeraciones de cosas que ya no usamos, que ya no nos sirven para nada, pero que tampoco hemos podido o querido desprendernos de ellas, invaden nuestro espacio físico innecesariamente y cuando nos topamos con ellos nos producen una sensación de caos que, si bien no va a matar a nadie, podría advertirnos que todo esto es seguramente un reflejo de nuestro interior.

Valdría la pena preguntarnos cuántos cajones revueltos llevamos en el alma, cuantos tiliches arrumbados cargamos con nosotros día a día, con tal de no recordar que en algún momento formaron parte de nosotros y que aunque ya no son parte de nuestra vida, no los hemos podido dejar atrás? Cuántos recuerdos dolorosos, cuantas ofensas encerramos en el cajón del rencor, del orgullo? Cuántos errores guardamos en el cajón de la culpabilidad? Cuántas lágrimas nos hemos guardado en el pecho para ocultar que existían? Cuantos conflictos hemos convertido en finales por no sentarnos desenredar los nudos? Con cuántos “discúlpame” nos hemos quedado en la garganta por soberbia? Cuántos “te quiero” hemos ahogado en nuestro interior para no sentirnos vulnerables? Cuántos “si yo hubiera” guardaremos en el cajón de arrepentimiento? Para qué guardamos todo esto? Poseemos palabras que a nosotros no nos sirven de nada pero son esperadas o necesitadas por alguien más. Asimismo, hay recuerdos que nutren pero hay otros que destruyen.

Deshagámonos de todo aquello y otorguemos esos espacios a las cosas que en verdad enriquecen nuestro interior o al menos nos alegran el corazón.

jueves 9 de octubre de 2008

Disculpen si hoy repito la palabra "sorprender"...


Hace cerca de dos años me topé con algunas líneas escritas por el señor Le Clézio, esa fue la primera vez que me sorprendió, eran el comienzo de su novela "Désert", nunca pude encontrar en México la obra pero tampoco olvidé a su autor; que con tan sólo una cuartilla logró atraparme. Se quedaron fijas en mi mente sus imágenes enigmáticas, su narrativa que más que describir, insinuaba y más que anunciar una historia, prometía revelar un misterio.

Pasó el tiempo y cesé mi búsqueda. La vida me alejó del lugar en el que me encontraba y me llevó por extraños caminos para que pudiera darme cuenta del lugar al que pertenecía. Así, pasé de estar un día en la Facultad de Filosofía y Letras a descubrirme en un despacho jurídico sobre propiedad intelectual y he aquí el punto… Cuando llegó la navidad organizaron un intercambio en aquel lugar donde trabajaba, en el que podíamos proponer 3 opciones de regalos; Una de mis opciones fue precisamente un libro de cuentos de Jean-Marie Gustave Le Clézio, la verdad no estaba segura de recibirlo, mejor dicho ya me había hecho a la idea de que no sucedería; Fue una de esas peticiones como las que hacen los niños a los Reyes Magos cuando piden 15 cosas para recibir las 3 o 5 más baratas y fáciles de conseguir, pero bueno, hicieron el intento. Al llegar el día del intercambio, “Sarita”, la chica a la que le tocó escoger y darme una de mis tres opciones, me sorprendió con los tres libros coquetamente envueltos, entre ellos el del escritor hoy galardonado, que jamás pensé que me darían. Ese fue el segundo encuentro medianamente azaroso con su obra, que acrecentó mi gusto y admiración por él.

Hace unas semanas, una de mis profesoras nos exhortó a exponer la biografía de algún autor y yo elegí a Le Clézio. Siguió sorprendiéndome, ahora con su espíritu viajero y abierto siempre a nuevas formas de concebir el mundo, con su acercamiento tan respetuoso a nuestra cultura; y tomando en cuenta que hablamos de “un europeo” su capacidad para mirar con otros ojos a las civilizaciones precolombinas, reconociendo y revindicando su riqueza; haciendo un intento sincero por comprender la coherencia interna de sus dinámicas y no juzgándolas fragmentariamente bajo el cristal de sus propios valores. El llegó aquí para terminar su servicio militar, ya que fue expulsado de Tailandia, por haber denunciado la prostitución infantil, y en realidad nunca se fue del todo, vivió años aquí para estudiar nuestra cultura y gran parte de su obra se centra en o al menos está impregnada de “ lo mexicano”.

Hoy vuelve a sorprenderme al ganar el Premio Nobel de Literatura, cuando las expectativas estaban puestas en otro lugar.
No sólo escribo esto para compartirles mi alegría por este reconocimiento a un escritor tan importante para mí, sino que los invito a explorarlo.

Le Clézio no es un autor muy conocido en México pero en verdad no se imaginan la profundidad con la que él conoce nuestro país, nuestra cultura y el lugar fundamental que ocupa éste dentro de su obra, en ella podemos obtener una mirada de nosotros mismos hecha desde el exterior, pero por un hombre excepcional, sumamente humano y que logra captar muchas cosas que nosotros a veces no apreciamos porque estamos demasiado inmersos en ellas.

Supongo y espero que con este premio, su obra recibirá mayor difusión y será más fácil acceder a ella traducida. Créanme, vale la pena que le dediquen una mirada.

jueves 2 de octubre de 2008

Y TU PARA QUE VENISTE???



Con todo lo que ha venido pasando en las últimas semanas, por primera vez en mi vida, harta, triste y decepcionada, apareció por mi mente la pregunta que muchos ya se han hecho… Y si me voy del país? Digo, no ahorita, pero si lo considerara una opción a largo plazo en mi vida? Siempre he pensado que huirle a los problemas es cobarde y es el peor freno para el crecimiento; pero que hacer con un problema que te rebasa, que sabes que no puedes solucionar sola y que los más responsables de él salen hasta beneficiados?

A pesar de que tengo sólo veintiún años y de que no me formo en la fila de los que creen que cualquier tiempo pasado fue mejor, hace días que "extraño tiempos mejores"; talvez no eran radicalmente mejores pero quizá cuando era más pequeña no era tan consciente de la problemática de mi país y por lo mismo vivía más tranquila.
Uno camina por las calles de “su ciudad” como si fuera el delincuente, volteando hacia todos lados y si vas por un lugar solo o de noche y ves una patrulla hasta te da miedo, como si vinieras de matar a alguien! Y noooo, lo mas frustrante es que seguramente vienes de la universidad, del trabajo, de la casa de tu abuelita o de cenar con alguna amiga, porque uno tampoco se puede quedar encerrado para que no le pase nada.

En realidad, uno ya no ve las noticias para estar informado sino para estar prevenido, aunque ninguna de las dos cosas se logra realmente. Además es tan deprimente ver los noticieros, uno debería tener a la mano, antes de encender la televisión, una caja de kleenex y un par de aspirinas. Por otra parte, tenemos que los periódicos de menor costo, que son aquellos a los que la mayoría de la gente accede, nos cultivan con la vital noticia de “por qué lado de escurrió la sangre al muerto”, “cuántos balazos recibió Juan Pérez” o “hasta donde voló el zapato del atropellado” ah! y la sección más enriquecedora es “la pagina completa y a color de la encueratriz” que seguramente también tiene un anuncio en la sección de masajes.

Los demás diarios pueden tener un gran defecto… o están escritos o con pura tinta amarilla o con puara tinta azul rey o con tinta verde, blanca y roja y a final de cuentas uno acaba viendo todo color negro. Y nos queda la impresión de que todo son mascaras, discursos y obras de teatro; remitirse a los medios masivos de comunicación o a los informes gubernamentales esperando encontrar la verdad es como ponerse bajo la lluvia para secarse.

Las caricaturas políticas, que no solo deberían verse como una burla divertida porque en el fondo tienen una función didáctica, sobre todo en un país como éste, que sufre de analfabetismo funcional porque la gente no lee más que el Tv y notas; como decía, estas revistas de caricaturas publican unas constructivas aportaciones tales como “Medios para evadir la realidad mexicana” y a continuación enumeran una lista detallada de los matices de esa sabia y valiente actitud y por más que uno se quiere reír, porque mentiría si dijera que no son ingeniosas, lo que dan son ganas de llorar porque en verdad el problema a veces parece tan grande y uno tan inmerso en y afectado por él, que no hay lugar a chistecitos.

Tampoco quiero el “Club del optimismo” saque su revista para reconfortarnos, pero lo que faltan son ideas y no tonterías; y más que ideas, acciones que concuerden con aquéllas, porque como decía Tolstoi, es más fácil escribir diez volúmenes de filosofía que llevar una sola regla a la práctica. No hablo ya de los gobernantes ni de los medios de comunicación sino de uno mismo, que sufre o teme la violencia social que se expresa en su grado máximo en aberraciones como el asesinato, la tortura, el secuestro, etc. Hablo de nosotros que también ejercemos violencia en pequeñas acciones de nuestra vida diaria, en discusiones que podrían evitarse, en nuestras actitudes, en la forma en que relacionarnos con los demás; todo esto son cosas que podemos llegar a pasar inadvertidas porque las consideramos insignificantes; pero casi cualquier acción a nivel individual resulta insignificante salvo contadas excepciones, pero a nivel colectivo cualquier cambio insignificante hace una gran diferencia.

Y pues sí, la verdad de pronto se sienten ganas de salir corriendo y no saber más. Pero al final algo debe hacer que nos quedemos… la esperanza, el compromiso con los que no han tenido oportunidades que uno ha tenido, como estudiar o tener cierta estabilidad, los deseos de ver una situación mejor, la ingenuidad quizá, de creer que es posible.
Pero es esta inocencia, si ustedes quieren llamarla así, lo que nos permite intentar las cosas y por tanto hacer que sucedan, ante cualquier situación; Este idealismo, es lo que le da sentido a la vida porque...

Si uno no viene al mundo para dejarlo, aunque sea, un poquito mejor de lo que lo encontró, entonces… para que vino???

martes 30 de septiembre de 2008

Velar el Este

Les dejo un cuento, que hice hace poco para un taller de narrativa, mi agradecimiento para Mauricio Bares por su paciencia y por guiarme en la creación de mis herejías. Es una especie de alegoría sobre los fracasos, errores y tropezones que inevitablemente damos en la vida, pero que a pesar de esto jamás debemos olvidar que el sol vuelve a salir y con él llega una nueva oportunidad de hacer las cosas mejor, sólo hay que tener paciencia y "Velar el Este".






Cuando abrí los ojos estaba en el suelo. Me desconcertó no poder reconocer el lugar en que me encontraba. Con el cuerpo tendido boca abajo, ignoraba cómo había llegado hasta ahí. Vulnerable observaba el entorno, desde el punto de vista menos propicio para descubrir, en el cielo o en el horizonte, algún indicio de mi ubicación.

Quisiera levantarme inmediatamente para que nadie note que caí. A mi alrededor encuentro todo tipo de miradas. Un sentimiento de incomprensión y soledad profundiza mis heridas. Al fin, despuntan entre la multitud los rostros conocidos y su actitud compasiva, amorosa, me produce cierto alivio; pero cuando los que me quieren sufren por mi desplome y fragilidad me odio desesperadamente. Intentan ayudarme y por ellos quisiera levantarme, pero aún no puedo...
El dolor es demasiado y se intensifica cada que tiran de mi brazo para ponerme en pie. Nada ni nadie puede hacer que me incorpore a la fuerza. Mi mente pide que me levante, mi cuerpo no la obedece; está como dormido, ensimismado por los espasmos del golpe. Poco a poco, voy recobrando algo de vitalidad. Es entonces cuando, con una palabra, una mano y mis propios deseos, logro subir.
Quiero aparentar que soy fuerte, que nada pasó; y si pasó, que nada pudo lastimarme. El orgullo me lleva a ocultar las heridas, pero de nada sirve cubrirlas, el dolor sigue aquí. Mi rostro desencajado, mi mirada húmeda y vidriosa y mi semblante de sufrimiento, delatan mi estado. Al contacto de la tela con mi carne, se agudiza el ardor de mis laceraciones aún llenas de tierra.
Cojeo. Avanzo con gran dificultad, como si tuviera una patada en las costillas. Me siento indefensa. No quiero que nadie me mire así, con raspaduras por todas partes. Procuro esconderme con discreción, sin que perciban que los evito.
Pero no debería detenerme, el mundo no se detiene; debo seguir. ¿Cómo podré curarme? Tengo que estar bien, ya, debo continuar. Pero ¿Dónde estoy? Estos caminos parecen tan similares... ¿Cuál de ellos me llevará a mi destino? Todo es tan confuso y el tiempo se consume. Necesito seguir adelante ya. Lo mejor será preguntar a alguien más.
Camino entre la gente. Sigo sintiendo dolor. Voy de voz en voz, buscando ansiosamente algún remedio express a este mal. Gotas, pastillas, vendas, ungüentos, sedantes y hierbas. Indago en la sabiduría popular, en la experiencia de toda mi gente y hasta en la boca de cualquier desconocido. Deseo encontrar la vital respuesta a esa pregunta que quizá ni siquiera he sabido plantear. Hay momentos en que casi lo logro; pero luego, con el más ligero soplo de aire, con la menor distracción, la pierdo; se desvanece y termino por olvidarme de la cuestión.
Necesito encontrar un mapa, preferentemente uno con rutas prefijadas. Algunos me proponen que use el suyo y no puedo negar que entre los ajenos hay algunos que parecen bastante certeros. Pero... ¿Nadie tendrá un mapa para mí? ¿Alguien podrá decirme qué hacer? ¿Quién va a sacarme de esto? ¿Quién me dirá lo que pasó y por qué estoy así? Después de tanto caminar, me he cansando de escuchar a la gente; sus respuestas son tan dispares que me desorientan aún más, encima, siento que ni siquiera me entienden bien, siento que ni siquiera les importa. Me fastidian aquellos que juzgan, opinan o aconsejan por molestar o sin que se los pida. Me he hartado de buscar sin encontrar.
Repentinamente, pierdo el aliento y me siento como debajo de un mar. Mi atención estaba tan centrada en el exterior que no había escuchado mi voz. La excesiva preocupación por leer los labios de los que a lo lejos me miran y hablan en voz baja me impidió notar que los latidos de mi corazón comenzaron a menguar. Empiezo a sentirme débil y la angustia invade mi ser. Me cuesta respirar. De continuar así, podría morir. Tengo miedo...
Intento calmare, respiro temerosamente, buscando tomar el control. Tengo que acostarme en el suelo, otra vez en el suelo. Me abrazo, cierro los ojos, tengo frío. Siento mis rodillas con la frente, los muslos contra el estómago. Respiro. Ya nada queda, ya nada importa.
Me encierro en mí y todo desaparece, incluso la angustia. Primero pasaron unas horas, después creo que amaneció de nuevo. Dejé de darle importancia a cada minuto que pasaba y terminé por perder la noción del tiempo.
Ahora que todo parece haberse esfumado, busco comprender que sucedió, lo necesito.
Los detalles comienzan a surgir en la medida en que me esfuerzo por recordar, por analizar. De pronto, el momento revive...
Una repentina descarga de adrenalina en el pecho. La presión de mi peso contra el suelo en las muñecas. El ardor de la grava encajándose en mi piel. Múltiples dolores comienzan a aparecer por todo mi cuerpo. Mi visión se torna borrosa. No puedo moverme, mas percibo un olor a sangre y tierra...
El recuerdo me despierta un poco y a su vez desata una tempestad de preguntas en mi interior: Cómo fue que terminé ahí; en qué momento me perdí. Si sabía hacia dónde quería llegar, por qué me fue tan difícil encontrar el camino; en dónde estaba mi mente cuando iba perdiendo el rumbo; quizá vi falsas luces o intenté seguir a alguien más. O simplemente hay veces en que uno camina sin pensar. Mas aún no descubro con qué tropecé. Había algún obstáculo infranqueable que no supe ver o simplemente no medí mis fuerzas. Me confié demasiado, quise ir demasiado a prisa, alguien más provocó mi caída o simplemente me enredé con mis propios pies. ¿Por qué no vi venir nada de esto?
Las razones de mi fracaso aparecen a medida que me atrevo a responsabilizarme de mis errores. Mas me cuesta resignarme a la inmutabilidad del pasado. Me duele saber que ahora nada puede borrarse. Mi frustración devino en lágrimas. Recuerdo que lloré tanto que después podía recordar sin llorar y repasaba cada escena experimentando tan sólo nostalgia mezclada con ese cansancio que generan las largas sesiones de llanto.
Finalmente comprendí todo en realidad. Percibía ahora la situación como algo coherente y mi estado como una consecuencia más que lógica. Acepté mi derrota con una especie de paz y alegría que nace del descubrimiento de las fallas, que se convierten en nuevas armas.
Entendí que a pesar de las heridas y el temor debía volver a moverme por el mundo; seguir explorándolo lo más profundamente que pudiera e ir tan lejos como mis sueños me llamaran y mi fuerza lo permitiera; aunque esto implicara el riesgo de volver a caer. Ahora sabía que nadie lograría levantarme por completo, porque sólo yo podía realmente salvarme. A mí me correspondía construir ese mapa que necesitaba, trazar mi propia ruta y estar consciente de que nadie me llevaría, que iría recorriendo un terreno que siempre será nuevo, que siempre cambia y que nunca terminaré por dominar, pero quizá ahora las cicatrices me ayuden a orientarme.
Poco a poco estos pensamientos van llenando el vacío en que sentí caer y disolviendo el caos que llevaba dentro. Siento el viento recorrer mi piel susurrando a su paso que no importa el tiempo y que no hay más luz que el silencio.
Vuelvo a escuchar mis palpitaciones, creo que mi corazón comienza a estabilizarse. Me aborda un sentimiento de bienestar y todos los deseos de regresar atrás y cambiar las cosas, de negar o esconder los tropiezos, se convierten en energía acumulada que exige salir, que me proyecta hacia el futuro y me colma de sed por la vida.

Giro sobre el suelo hasta quedar mi cuerpo tendido de espaldas y mi rostro de frente al cielo. Abro los ojos y es de noche, pero la incierta obscuridad ya no me intimida. En el firmamento he encontrado tres estrellas perfectamente alineadas. Ahora, sólo necesito velar el Este.

martes 9 de septiembre de 2008

Destino... azar o voluntad?



Hace algunas semanas se me presentó una situación que me lleva pensar acerca de la relación entre el destino, el azar y la voluntad de que las cosas sucedan.

Quizá les ha pasado… quieren o necesitan encontrarse con alguien, lo buscan por todas partes y nada. Mientras tanto no paran de aparecer un montón de gentecitas que en ese momento sólo sirven para hacerte sentir como un dibujito más de “¿Dónde está Wally?”. Así las cosas, hasta que te desesperas, abortas la misión y dices ”ay ya! Qué importa”
Pasan los meses y donde menos te lo esperas ahí está!, esa personita buscaste hasta en la Cruz Verde. Tú ingenuamente dices “wow, es el destino”.

Justo cuando comienzo a coquetear con la amable idea de que “el destino nos tiene preparado algo” me escucho a mí misma y digo “ay Fer que cursi e ingenua!” pero alzo los ojos, lo miro y ahí está carajo! Como una visión que se disfraza de presagio y mi lado soñador habla de nuevo “y si sí fuera cierto????” uf que horror conmigo. Dejo el asunto de lado para concentrarme en lo que debería hacer en ese momento. Pero al llegar la noche me dispongo a darle unas vueltas (en su compañía por supuesto ).

En cuanto a los proyectos de vida; comparto la visión de Sartre, un hombre es lo que lo que él hace de sí mismo y cada uno tiene que inventar su camino. Tengo más que claro que es la voluntad y no el azar la que construye el destino, tendremos la vida que nos merezcamos. Digamos que la buena suerte, más que un enigma caprichoso, es un resultado directamente proporcional al esfuerzo.
No niego que hay circunstancias, tanto positivas como negativas, que no elegimos e influyen en nuestro “destino” como por ejemplo: la familia, el medio social, la época o nación en la que nacimos, alguna enfermedad o deficiencia física, la situación económica, etc. Pero como Ortega y Gasset decía (ya no quisiera citar, pero bueno, si ya alguien lo dijo mejor, qué se le va a hacer) que "el hombre, es él y sus circunstancias", no sólo él, ni sólo lo que está fuera de nuestro control. Yo no creo que Cervantes haya escrito el Quijote gracias a que terminó encerrado en la cárcel, creo que lo hizo porque esa era su voluntad a pesar de encontrarse en una cárcel, y lo dijo “Cada cual se fabrica su destino”.

Pero cuando hablamos de relaciones interpersonales, nos sentimos (o me sentía) más susceptible de concebir este tipo de cuestiones como algo azaroso; Los amigos, la pareja o hasta los familiares: Los introduce el destino en nuestra vida o somos nosotros quienes decidimos integrarlos???… Siento que el papel de la suerte-casualidad se limita a ponernos enfrente un catálogo cuasinfinito de seres humanos, entre los cuales somos nosotros los que consciente o inconscientemente terminaremos por elegir. Empatías, rechazos e indiferencias comenzaran a configurar nuestro mosaico social. No importa si tenemos 15 primos puede que en realidad los únicos que formen parte de nuestra vida sean 3 o 5 que son los que nosotros hemos elegido porque tenemos una conexión real más allá de la simple imposición del destino que nos hizo conocernos. Al igual en un grupo de trabajo o en la escuela. Otros ejemplos, “impregnados de predestinación” tales como: “Tomamos el mismo autobús, a la misma hora, el mismo día, el lugar de a lado estaba vacío, etc., etc., etc.” Sí, pero bien pudo haberte abordado esa persona o tú a ella y no se da nada, simplemente no se agradan. “Pero sucedió!” Ok, pero fue porque tú lo elegiste y no porque el destino así lo quisiera. Hay oportunidades que dependen de estar en el lugar exacto y en el momento preciso, pero aún estando ahí depende de nosotros asir la oportunidad.

Después de esto si regresamos a la historia que me trajo aquí, creo que lo más prudente sería evitar imaginar que los hados me preparan algo misterioso con aquel “Wally” y limitarme a la historia que nosotros construimos día a día.

El destino crea roces azarosamente entre los individuos; nosotros, voluntariamente, creamos lazos.

jueves 4 de septiembre de 2008

Rompiendo cuerdas


Hoy intentaba afinar mi violín, que he dejado un poco en el abandono. Comencé por buscar la nota más aguda en la primera cuerda y sin mucha atención deslicé el arco. Inmediatamente noté que era excesivamente grave, di una vuelta bastante forzada a la clavija y lo intenté de nuevo; aún era demasiado grave. Sin poner atención en las cuerdas di otro giro en automático a la clavija y la cuerda se rompió.

Hasta entonces me detuve un poco y miré el grosor de la cuerda, inmediatamente recordé que la última vez que tomé clases la maestra las colocó “al revés” comenzando por la más grave para terminar por las agudas, y realizar así algún ejercicio. Yo intentaba arrancar de la cuerda mas grave la nota más aguda, esto era imposible e ilógico, sin embargo me di cuenta que es algo que en la vida a veces solemos hacer.

Hay veces que tratamos de satisfacer nuestras necesidades en lugar inadecuado o con las personas equivocadas y estamos tan enfocados en lo que queremos conseguir, o necesitamos conseguir, que no ponemos la mínima atención o cuidado en el lugar en que lo estamos buscando.

Buscamos Mi en la cuerda de Sol. Y como no funciona giramos las clavijas, forzamos las situaciones. Lo intentamos con más empeño, pero de nada servirá, el sonido se acerca un poco más a lo que buscamos, pero no es “lo que buscamos” y jamás lo encontraremos ahí, pero no nos hemos puesto a pensar en eso. Volvemos a apretar las clavijas hasta que algo se rompe y viene el dolor y el desconcierto.

Y es entonces cuando uno se pregunta, con un coraje mezclado con tristeza y frustración:
Por qué no me demuestra que me quiere, si yo necesito que lo haga; Por qué no se preocupa por mí si yo quiero y necesito que se preocupe por mí? por qué tiene esas actitudes si sabe que me lastima. El esquema de estas preguntas en general es -POR QUÉ ÉL(ELLA)…… SI YO…..- Y el detalle es que este “si yo” no condiciona obligatoriamente la conducta del otro. Debemos entender que hay personas que simplemente no nos pueden dar lo que buscamos porque no les place o ni siquiera lo tienen. Y me viene a la mente Paz… "No nos debemos quejar del abismo que nos separa, porque pertenece a nuestra naturaleza. Amar es dar un salto mortal."

Y no sólo en las necesidades afectivas o interpersonales, sino en las búsquedas más íntimas… está aquel que no entiende por qué se siente sólo si va a tantas fiestas y tiene tantos “amigos”?; El que se pregunta por qué se siente tan vacío si “lo tiene todo”? la que no entiende por qué no se siente segura si se arregla tanto y además es talla 5?; La que siente que su vida sigue “incompleta” si ya tiene pareja? El que no confía en sus capacidades aunque tiene un título. El que no se siente satisfecho aunque “ya probó de todo”. El que ya “logró lo que quería” y se dio cuenta que esto no le trajo la felicidad; etc.

Observemos la naturaleza del elemento que tenemos frente, antes de exigirle que nos dé algo que le es imposible ofrecernos. Miremos hacia nosotros mismos, y no busquemos en el exterior, cuando sea de nuestro interior de donde surgen los requerimientos y sangran las heridas.

Abramos los ojos y dejemos de romper cuerdas.

domingo 31 de agosto de 2008

Existen las preguntas incomodas?



Ayer por la noche, mientras me dirigía al cine con mi hermano, él sacó al tema algo que quizá todos hemos experimentado "las preguntas incómodas". Él decía que en realidad estas no existen y fue ese el momento en que pensé "ay no, qué me va a preguntar" jaja. Pero afortunadamente no era ninguna introducción, su opinión no me convencía del todo, sin embargo valdría la pena darle una segunda mirada...

Las preguntas incómodas, nos hacen pensar un poco acerca de esas cosas que dejamos de lado o preferimos dejar de lado. Cuando la incomodidad no surge porque la persona que nos interroga nos es ajena, puede que el problema esté en nosotros, a modo de ejemplo evoquemos las preguntas clásicamente “incómodas”:
Cuánto ganas? Has engañado a alguien? Cuántos años tienes? Qué haces perdiendo el tiempo en eso? Con cuántas personas has estado? Por qué no te has casado? Por qué dejaste de estudiar? Y crees que está bien lo que haces? Cuánto pesas? Y eso a dónde te va a llevar? Ustedes qué son?

Lo incómodo, como vemos no está en la pregunta si no (en caso de que nos llegase resultar incómoda) en la respuesta que refiere una realidad que no nos place y que por tanto no nos gustaría compartir. En cuanto a las cosas que no se pueden cambiar, la edad o las que se relacionan con el pasado, es con nosotros con los que no nos sentimos cómodos y es llegado a este punto donde me gustaría poner un poco de luz sobre las benevolencias de las “preguntas incómodas”.

Con esto no pretendo decir que debamos responder a los demás una pregunta que no queramos. Es valido, mandar al carajo a ciertas personas de la manita de su impertinente curiosidad, educadamente por supuesto; Pero siempre debemos darnos cuentas a nosotros mismos.

Las preguntas incómodas nos paran en seco, enfrentándonos a nosotros mismos. Así que sería muy sano buscarles una respuesta a cada una de ellas y no sólo eso si no analizar el porqué nos hacen sentir así. Si existe algo que no nos gusta y podemos cambiar, deberíamos intentarlo. Si hemos actuado de una forma que ya no nos parece la mejor, debemos dejar de atormentarnos y preocuparnos sólo por hacer ahora las cosas de un modo distinto. Si se trata de algún hecho inevitable o inmutable bastaría con recordar que no somos dioses y que tenemos que lidiar con circunstancias que están fuera de nuestro control, día a día.

Buscar sentirte bien contigo, con lo que haces y con lo que eres... cuando lo logres, no existirán preguntas incómodas.

jueves 7 de agosto de 2008

Los dias fastos no murieron con la Antigua Roma

Hay días que simplemente son buenos, sin más; Son fácilmente identificables cuando te descubres entre circunstancias que por lo general detestas y no te importa, hasta se te escapa un "la vida nunca fue mejor"... bueno puede que los que me conozcan hagan un gesto de sorpresa acompañado de una ristita diciendo "pues cómo sería antes no?" jaja.
No es que me haya sucedido algo extraordinario en estos días, es sólo que en los últimos meses todo en mi vida se ha ido acomodando hasta que hoy puedo decir con sinceridad que me siento feliz, no eufórica, eso me asustaría un poco porque tiende a ser más pasajero, es una alegría combinada con serenidad. Así que creo que es un buen día para iniciar este blog, en el cual prometo no abusar de la paciencia y buena voluntad del lector, con entradas cursis como ésta, pero por hoy lo siento, el momento lo ameritaba. Dicen que escribir es pensar en orden, así que en un, quizá ingenuo, intento por pensar en orden les comparto un poco de mí...