jueves 12 de febrero de 2009

Vocación vs. Seguridad económica



Hoy fui a Miguel Ángel de Quevedo a comprar libros y me topé con uno de Maitena, caricaturista que me agrada por su mirada incisiva y capacidad de encontrar lo hilarante y ridículo de las cosas cotidianas que a veces nos atormentan. Hojeando sus caricaturas vino a mi mente un conflicto por el que alguna vez todos tuvimos que pasar: Vocación vs. Seguridad económica.

Ante el eterno dilema de dedicarse a aquello que te apasiona, sin importar lo que venga, o consagrarse a algo que ofrezca teóricamente una mayor estabilidad económica, se encuentra un valiente gremio conformado por todos esos pobres niños a los que les gritoneaban a diario en la escuela: ¡Deja de hacer dibujitos y ponte a trabajar! A mi parecer, son los caricaturistas la prueba viviente de que uno puede vivir de hacer lo que más le gusta, sin importar en qué consista, siempre y cuando lo haga con pasión y entrega.

viernes 6 de febrero de 2009

Despertar




Esta noche, recuerdo a mi abuelo en aquel hospital. Conectado a un montón de tubos por todos lados, sin poder moverse, ni siquiera hablar por lo débil que estaba, casi inconsciente de todo lo que sucedía a su alrededor.
No podemos conversar ya; es muy tarde para decir lo que no se dijo. Ya no sonríe ni se queja, en este momento su vida se limita sólo a respirar, quizá sueñe pero de cualquier modo no tiene mucho sentido pues nadie sabe si despertará una vez más para darse cuenta de tal experiencia.

Teniéndolo ante mis ojos me resulta casi imposible creer que es el mismo ser que algún día tuvo tanta vida, en el sentido más amplio de la palabra. Intento encontrar en él al niño que alguna vez corrió con todas sus fuerzas y río a carcajadas, al joven que cantó a gritos y bailó hasta el amanecer, al hombre enérgico y luchador que recorrió el mundo; pero es demasiado difícil, la misma vida acabó con todo eso que fue.
Viéndolo ahí, inmóvil, descubrí lo valiosas que son las cosas más simples. Lo más sencillo se torna maravilloso cuando se vuelve inaccesible.

Tiene semanas de no poder levantarse de ahí y caminar un solo paso, semanas de no poder probar bocado o tomar siquiera agua; no puede hablar, no tiene la fuerza para girarse solo en la cama o mover los brazos para cobijarse a sí mismo. Cosas que nosotros hacemos sin notarlas, nuestro día esta lleno de acciones de ese tipo a las que no les damos ningún valor por ser tan comunes y “normales”.
Se ponderan mejor las cosas cuando están ausentes y me doy cuenta de cuán deslumbrante es la vida justo cuando la veo apagarse.

No es a la muerte en sí misma a lo que temo, sino al no despertar nunca a la vida; a morir sin haber vivido como tal ese sueño colmado de regalos que a veces no sé ver…